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Por: Armando Pérez Araújo

Armando Pérez Araújo

La zancadilla más descarada que se ha propinado a la Constitución Política
colombiana la hemos hallado en los fangos de la nuestra precaria democracia y se generó recientemente en La Guajira durante el desarrollo de la próxima pasada campaña al Congreso de la República. Empecemos diciendo que un señor de apellido Trujillo de la noche a la mañana sacó para el Senado de la República algo más de veinte mil votos en el departamento, de los cuales más de catorce mil fueron extraídos sin pudor ni la menor decencia en Uribia, capital indígena de Colombia. El fenómeno no es nuevo, ni es un invento de la izquierda o de la derecha, porque hemos criticado que existe un absurdo y decepcionante boquete de nuestra carta política que ha permitido y permite que personajes de todos los pelambres, de la izquierda más refinada, del centro y de la derecha, arriben orondos a La Guajira en cada circunstancia electoral a imponer concejales, alcaldes, diputados, gobernadores y, obviamente congresistas. Hasta ahí el asunto debería ser tenido como de la mayor gravedad constitucional, pero fue peor aún, en el caso de la Guajira indígena, concretamente del municipio de Uribia, en donde a pesar de las carajadas constitucionales de nuestra carta, del bloque de constitucionalidad, del respeto a la diversidad étnica y cultural, del principio de progresividad y no
regresión en materia de respeto de Derechos Humanos, se presentó el mencionado ciudadano paisa, ataviado con carriel y ruana, proveniente del departamento de Antioquia, con el palmarés de haber obtenido el título de Caballero otorgado por el Congreso de la República y de haber sido el mejor
alcalde del país durante el ejercicio de primer mandatario del municipio de Itagüí, según los resultados de alguna encuesta, al parecer la misma o una similar a la que le confirió idéntico premio a varios alcaldes de La Guajira. Vino dispuesto el atrevido paisa a llevarse por delante a barones y baronesas electorales locales por doquier y a fe que lo logró, arrastrando con buena parte de las esperanzas sembradas hace exactamente cinco años por la Corte Constitucional cuando materializó algunas de las principales preocupaciones del pueblo wayuu en una memorable sentencia de mayo 8 de 2017. En esa ocasión la Corte, mediante Sentencia T- 302 creyó haberlo dicho todo y no previó que muy pronto las autoridades se pasarían por la faja 210 órdenes que debían cumplir 25 instituciones.

Carlos Trujillo, senador electo

Aunque hubiese sido mejor para la Alta Corporación haber contado con las instituciones y también con las autoridades locales y nacionales, especialmente las primeras, para sacar del estado de indignidad y
postración jurídica a la sociedad de La Guajira. La gran verdad es que sucedió todo lo contrario: ni el tema sensible y dramático del hambre fue atendido como Dios manda y en este caso como lo ordenó la Corte, ni el aumento de la disponibilidad, accesibilidad y calidad del agua, mucho menos la movilidad de la sociedad wayuu, absolutamente nada progresó en la vía de cumplir con la mentada sentencia, ni en el efectivo respeto de los derechos humanos. El señor Trujillo, digno representante de la comunidad de Itagüí, en plena vigencia del estado de cosas inconstitucionales de la guajira wayuu, se alzó con más de diez mil votos obtenidos en Uribia, llevándose consigo el derecho de todo un pueblo indígena, tal vez el de mayor representatividad en el país y en Venezuela, arrasando con la probabilidad electoral de los nativos de postular y elegir un ciudadano de su etnia, o, por lo menos de la región. No sobra añadir que el señor Trujillo, personaje absolutamente desconocido en el departamento de La Guajira, no logró el espectacular resultado electoral con la ayuda de sus discursos y de sus obras sociales en esta provincia
colombiana, donde nadie lo conoce. Claramente lo logró con la palanca del presupuesto de los colombianos, la ayuda del partido conservador y del gobierno nacional que se lo facilitó y garantizó, la del alcalde indígena de Uribia y la de un magistrado guajiro del CNE que lo asesoró y del cual se dice que aspira por el partido conservador a ser el próximo gobernador. Esto apenas comienza.