Comparte esta noticia

Ay, vamos a querernos
Olvidemos a los que nos engañaron
Dame un beso y olvidemos lo pasado
Dame la vida en un beso y en un beso te la doy
Ven no tengas miedo
Tengo buenos sentimientos no soy malo
Quiero curar tus heridas con mis manos
Dame la vida en un beso y en un beso te la doy
Traigo amor a siete mares para que nunca te falte
Traigo caricias eternas para ti, linda princesa
Traigo suficiente fuerza para defenderte
Traigo un corazón gigante para que te ame
Traigo el alma envuelta en sueños que son realizables
Solamente si tu linda boquita me besa……

Escuchando en el equipo de su carro ‘Amor a Siete Mares’, la canción de Omar Geles, interpretada por ‘Poncho’ y ‘Cocha’ Molina, la que siempre cantó y se identificó plenamente, Marta Sepúlveda, inicio su camino a la muerte. Salió de su casa, junto a su hijo y la sobrina, rumbo a la IPS, en donde la esperaba un equipo de especialistas quienes paradójicamente, la iban a intervenir, no para salvarla de una penosa enfermedad que día a día la devoraba, sino para llevarla a un descanso eterno, en donde solo quedarían sus recuerdos.

Ese día Marta, salió muy temprano en su casa en Bello. Pasó por donde sus familiares. Si bajarse del automóvil negro, los besó, lloró y se despidió. Extrañamente, esta mujer, que durante muchos años estuvo vinculada a una empresa constructora en La Guajira, reflejaba alegría, pese a que cada minuto la acercaba a la muerte. No se arrepintió de solicitar mediante tutela, una eutanasia para poner fin a sus sufrimientos causados por una esclerosis lateral amiotrófica, que comenzó a sentir, cuando más disfrutaba de su vida a orillas del mar, en una casa finca, que había comprado en la vía Riohacha – Camarones, al lado de la casa de su compadre y cuñado, el reconocido exdiputado Gabriel Pinto Redondo.

Cuando llegó a la EPS – Sura en Medellín, había escuchado varias veces ‘Amor de Siete Mares’. En estas tierras conoció el amor, la paz, el cariño y la amistad que mucha gente le profesó. Por eso, tarareo, una y otra vez: /Ay vamos a querernos / Olvidemos a los que nos engañaron./ Dame un beso y olvidemos lo pasado. / Dame la vida en un beso y en un beso te la doy. / Ven no tengas miedo…

Mientras sus familiares cercanos no pudieron contener el torrentes de lágrimas, cuando la vieron ingresar a una especie de consultorio de donde nunca regresó, ella esbozó una sonrisa mezclada de alegría y tristeza. No era para menos. A sus 51 años dejaba la vida por la que siempre luchó. Dejaba a Federico su único hijo. Dejaba sus amores por una tierra en donde no nació, pero donde trabajó y conoció a mucha gente con la cual compartió.

El medio día del sábado 8 de enero, quedará grabado para siempre en la memoria de la familia de Marta Sepúlveda. La eutanasia estaba consumada. Sus restos eran devorados por el fuego de donde parecían brotar trozos de canciones que siempre gozó su guajira del alma, su segunda patria chica.

En Bello, siguen velando sus cenizas, las cuales será llevadas en los próximos días a Codazzi, Cesar, un pueblo en donde también dejó muchas amistades. Finalmente, las cenizas de esta guerrera de la vida, serán esparcidas en las aguas del mar Caribe, en Palomino, tierra donde vivió por mucho tiempo, mientras estaba al frente de los procesos de reconstrucción de la carretera Troncal del Caribe.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.