LA PALMA, DESPUÉS DE LA GUERRA, ES UN REMANSO DE PAZ

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La historia de Raúl Gómez Castrillón, el ‘Gavilán Mayor’ parece grabada sobre las gigantescas piedras prehistóricas, que bordean las montañas, donde aparece incrustado el corregimiento de Las Palmas.  En el inmenso valle se sienten los zumbidos de las aves de rapiña, que surcan el azul cielo, como buscando un sitio para construir sus nidos.

Cada rincón en Las Palmas, parece rendirle tributo, a un hombre que emergió en medio de una bonanza de dólares, que aparecían en la misma proporción, como crecía la marihuana, una yerba que cambio el horizonte de unos humildes campesinos, que pasaron de sembradores de yuca a cultivadores de cannabis. De aquellos que bajaron del burro, para montarse en flamantes camionetas Ranger. Quienes cambiaron el machete, para colocarse en su cinto un revolver 38 largo, convirtiéndose en los famosos ‘culo puyuo’.

El Gavilán y su esposa. Foto Revista Sendas

Aquel fatídico 23 de enero de 1.991, cuando al ‘Gavilán Mayor’  lo emboscaron en el puente de Masinga, marcó, el comienzo del fin, de una época dorada, en donde los dólares no se contaban, solo se pesaban en básculas, para saber cuanto dinero habían recibido por las toneladas de ‘marimba’ cultivada y exportada.

Después de la muerte del ‘Gavilán’, llegó la guerrilla, luego   aparecieron los ‘paracos’. Las Palmas, Cascajalito, Puerto Colombia, Las Casitas, Juan y Medio, fueron abandonados. El éxodo de familias enteras que invadieron los barrios de Riohacha o buscaron refugio en cualquier lugar del Caribe, fue impactante y tuvo sus efectos y repercusiones sociales en toda la regió. Pocos resistieron en su terruño.

El regreso de ‘Gómez’

’’Gómez’, es uno de los pocos  ‘Gavilanes’ de aquella generación, que aun vive. Regresó hace un tiempo del Magdalena Medio, a donde huyó para evitar que los conflictos familiares y la violencia política, le pasaran factura. Él, junto a Amparo Gómez, la corregidora del pueblo,  han iniciado una brigada para que Las Palmas, vuelva a repoblarse. Ya muchos han regresado.

‘Gómez’ en la vieja casa de los Gavilanes.La vieja casa

De la casa de los Gómez Castrillón, solo quedan los cimientos de bloque de cemento. Las paredes y el techo fueron destruidas, por gente armada que llegó después de la muerte de Raúl.  ‘Gómez’ asegura que allí llegaban los invitados especiales, se armaban las parrandas y luego salían para la caseta. «No era como la novela, lo que si, es cierto, es  que continuamente llegaban cantantes famosos como ‘Poncho’ Zuleta, Diomedes, Oñate, Silvio Brito. Juancho Roys, estuvo cinco días, era muy joven y se dedicaba a bañarse en la cascada y montar caballo».

Al frente a los cimientos de la casa demolida de los Gómez, aun permanece, como retando el paso del tiempo, la vieja casa de Raúl, el ‘Gavilán Mayor’

Es un rancho de techo pajiso, las paredes son de barro y bahareque y otras de cemento. En el piso alto que da la la calle, se sienta ‘Gómez’ a tomar ‘churro’ con los amigos que nunca salieron de Las Palmas. Los fines se semana se toman, una o dos botellas, después se tiran a los chinchorros a dormir. Atrás quedaron las siembra de marihuana, ahora salen desde temprano con sus machetes, a sembrar maíz, yuca, ahuyama, calabazas, y frutales. Paradójicamente, hoy la marihuana, hierba por la cual perseguían a  los guajiros, hoy la siembran las familias pudientes del país, bajo el pretexto de estar dedicada a la actividad científica.

El Pozo

El Pozo de los ‘Gavilanes’

De la piscina, ya nada queda. Solo el pozo profundo de donde sacaban el agua, que caía por una cascada y servía para que los Gómez Castrillón, celebraran sus fiestas. Cuentan los vecinos que tiempo después de la muerte de el ‘Gavilán’ llegaron varios hombres armados y destruyeron todo. Hasta la casa principal de los padres de el Gavilán, donde hacían las parrandas, fue demolida por guerrilleros y paramilitares, que se disputaban su presencia en el pueblo

Los recuerdos

A sus 89 años, doña Dilia Carmen Gámez Gómez, decidió regresar a su Palma del alma.  No resiste estar fuera de su tierra. Por eso, ella, y sus hijos, hace varias semanas, reconstruyeron su vieja vivienda, comenzaron a sembrar la tierra y ahora quieren quedarse en el pueblo que los vio nacer. Hace tiempo se establecieron en las periferias de Riohacha, pero siempre añoraron regresar al ‘monte’, para respirar aire puro, aprovechando que están soplando vientos de tranquilidad.

“Aquellos tiempos eran sabrosos. Cuando el ‘Gavilán’ coronaba un embarque, venían los conjuntos vallenatos. Una vez, ‘Poncho’ Zuleta, entró a la cocina de doña Zunilda Castrillón, destapó la olla donde estaban guisando varios conejos, sacó uno y así caliente se lo llevó a la boca, junto con un pedazo de yuca blanca. A la gente le gustaba eso. En la caseta se armaba la fiesta, todas las mujeres llegábamos  a bailar. Diomedes, vino varias veces, le gustaba salir para el monte, estar en el arroyo y tirarse a la cascada que tenía la familia en la finca” recuerda con nostalgia doña Dilia.

La cárcel de Las Palmas

La cárcel de Las Palmas

Al lado de la casa de los Gámez, aun se conserva intacta la cárcel del pueblo. Luce bien pintada, algunos la utilizan para albergar a los visitantes cuando llegan y no tienen donde pernotar. El  último preso llegó en 1.978, era un indígena wiwa, que había cometido algunas faltas y fue capturado. Lo  trajeron amarrado, estaba borracho y lo metieron en un calabozo. A los cinco días salió. Luego la cárcel quedó sin visitantes, porque el ‘Gavilán’ aplicaba la ley, todos lo respetaban y nadie se pasaba de la raya.

 

No hay cura

La iglesia de Las Palmas

En la pequeña iglesia Santa Teresa de Jesús, nada queda. Sus paredes lucen amarillas. Los bordes de color verde, aun relatan los recuerdos de aquellas épocas en donde todo giraba alrededor de la ‘marimba’ y las ordenes las impartían los Gómez Castrillón.

El último matrimonio fue celebrado el 21 de enero de 1.978, para las fiestas del pueblo, en donde se venera a Santa Teresa de Jesús. La iglesia solo la abren cuando el líder Mario Pérez Quintero, trae a un sacerdote para ofrecer una misa. El resto del tiempo,  el templo está solo, con sus puertas abiertas de par en par, pero sin cura y sin feligreses.

En la parte trasera de la iglesia, un artista  le hizo un retrato a Zunilda Castrillón, madre de los ‘Gavilanes’, una líder del pueblo, que luchó por su gente, su nombre se mantiene vivo, no solo en las paredes del templo, también en la memoria de la gente.

 

Vía a Las Palmas

Para llegar a Las Palmas, el corregimiento más recóndito que tiene el Distrito de Riohacha, primero hay que pasar por  Tomarrazón, para tomar la carretera a Juan y Medio, una vía totalmente asfaltada y en excelentes condiciones, bordeada de hermosos bosques, luego encontramos a los Moreneros, la vía principal para llegar al río Tapias, zona donde  se encuentra la Boca Toma del acueducto de Riohacha, un excelente balneario para los turistas.  Son tierras hermosas, de frondosos árboles legendarios, en donde las nuevas generaciones, quieren olvidarse de un pasado, plagado de riquezas, violencia y abandono.

De Juan y Medio, hacía arriba la vía asfaltada se convierte en placa huellas, unas muy moderna y en donde se refleja la ineficiencia y corrupción del Estado.

El último tramo para llegar a las Palmas, comienza en una ‘Y’. A la izquierda se llega a Puerto Colombia, la Balsa, Las Casitas. A la derecha, una placa huella, nos pone de frente a varias pendientes destapada, en donde los carros lanzan su ronquido demostrando su fuerza y poder en la combustión de su motor.

Hernando Marin

Pasar ese sitio, es llegar al nido que encierra la historia de los ‘Gavilanes’, la misma que en parte es narrada por Diomedes Días, en una canción de Hernando Marín, que pese a los años, aun produce polémica. Los hijos de Marín, aseguran que su padre la compuso para destacar el liderazgo que él, ejercía entre sus hermanos.

Los hijos del ‘Gavilán’ aseguran que, su padre le regaló a Marín, una camioneta Ranger, conocida como ‘La Conquistadora’, como agradecimiento por la canción. Algunos aseguran, que una vez, Hernando Marín, llegó a Riohacha y lo llevaron a la casa del Gavilán, porque el hombre lo quería conocer. ‘Nando’ dijo: “Yo le voy a decir la verdad, que esa canción no era para él”. Al final, Marín mantuvo el mito y Gómez, delante de todos, le dijo al compositor: “toma la llave de este carro, es tuyo”.

Parte II el retorno a Las Palmas y visita del alcalde electo

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