BORIS PINZÓN SE ENFRENTÓ EN ALTA MAR, A UN PEZ LEÓN

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Pez León

El Pez León, se infló. Sus largas espinas se crecieron. Sus ojos brillaban. Su aleteo se agitó. Miraba de frente al extraño que apareció en su nicho, el viejo barco ‘La María’ hundido en la década de los años 70, cargado de mercancía  procedente de Panamá, con destino a Bahía Portete, en la Alta Guajira. El animal giró dos veces, haciendo círculos, para marcar su territorio marino.

Boris Pinzón Redondo, un exintegrante de la Defensa Civil, y ahora presidente de la Fundación Guajira Aventura, contuvo la respiración. Estaba frente a frente con  el Pez León, un temido depredador que nació en cautiverio en una isla cercana a Miami, pero que se había convertido en la amenaza para todas las especie del mar, a las cuales atacaba sin piedad, hasta acabar con ellas.

Por eso, Pinzón no respiraba. Quería evitar que el aire que exhalaban sus pulmones, hicieran burbujas alertando al temible animal marino, que ya mostraba con orgullo todas sus corazas espinosas y venenosas. Sus agallas abrían y cerraban, indicando que sus ritmos cardiacos y respiratorios habían llegado a un clímax total y estaba listo para la guerra.

Su caparazón estaba al límite de crecimiento, por eso Pinzón entendió que el momento del combate había llegado. En su tanque de oxígeno, se almacenaba carga para cinco minutos, suficientes para enfrentar a un enemigo, ágil, astuto, excelente heredero de su nombre: León. Así era, una fiera del mar, que desde hace más de una década ha venido aniquilando a las especies más pequeñas, atacando los mantos de peces y los arrecifes artificiales que están frente a las costas guajiras, entre Camarones y Manaure.

La hora llegó. Pînzón tenía listo su afilado arpón. Conocía muy bien ese nicho de peces, era, junto al Flora, embarcaciones hundidas y convertidas en arrecifes con abundantes especies ictiológicas.

Mar Caribe

Pinzón se arqueo, por momentos recordó las historias de los viejos capitanes del barrio Arriba y el Guapo, que narraban la forma como los submarinos alemanes, atacaron al Flora, una embarcación mercante que sucumbió la noche del 17 de junio de 1.942, ante un fuerte cañoneo que se sintió con estruendo en Riohacha, cuando sus pobladores, pensaban que era una tormenta, pero la noche era clara, sin nubes o amenazas de lluvia. Dos submarinos alemanes habían atacado, por babor y estribor, a doce millas de la costa guajira, al vapor de bandera holandesa Flora, que navegaba con sus luces apagadas. La gente de Riohacha escuchó más de 60 cañonazos antes de que volviera el silencio. Los fogonazos le permitieron al capitán Guerrero, jefe de la fuerza militar acantonada en Riohacha, calcular la distancia a la que se dio el combate.
Tan pronto cesaron los cañonazos, organizó un equipo de rescate por si había náufragos o sobrevivientes. Una primera misión de salvamento, formada por el propio capitán Guerrero y por los médicos Ramón Gómez, jefe del Centro de Higiene, y Forero Gómez, del Ejército, pudo rescatar a buena parte de los náufragos del vapor Flora, la embarcación holandesa hundida por los submarinos nazis.
Entre los rescatados se hallaba el capitán del Flora, Ade Haam, quien relató el cobarde ataque, cuya única víctima había sido el tercer maquinista. Después de verificar a los sobrevivientes, el capitán Haam dijo que aún quedaban trece en el mar. El teniente Forero Gómez reanudó la búsqueda y a eso de la media noche volvió con los trece que faltaban, sanos y salvos.

Fueron fracciones de segundos en donde Boris Pinzón, recordó las narraciones que se hacían en los pisos de su barrio, cuando él, apenas era un niño. Por eso, miró al Pez León, como si, se  tratara del submarino alemán. Apuntó su arpón, se arqueo nuevamente, apretó con fuerza el gatillo y soltó su dedo, para que el dardo saliera veloz, y atravesara lo que parecía una armadura de acero. La guerra había terminado, el pez dejó de ser un felino marino, para dejarse arrastrar por la cuerda del arpón que lo tenía bajo su dominio.

«Estos animales los encontramos continuamente en ‘La María’ y en ‘El Flora’,  es un espectaculo maravilloso verlos y perseguirlos» explicó Boris, cuando exponía el producto de su pesca marina.

El Pez León, es peligroso, sus dardos defensivos tienen veneno y producen mucho dolor. Su peligro estriba en que se ha convertido en un depredador que acaba  con todas las especies, poniendo en serio peligro la producción en esta región del Caribe.

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