ECOS DE UN SAINETE

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ECOS DE UN SAINETE

Por: Enrique Ramirez Yañez

Dolor de Patria. Sentí Dolor de Patria ante el sainete que montó ayer la Corte Constitucional con su foro sobre el glifosato, que naturalmente fue televisado para todo el país, para que fuéramos espectadores del circo que montaron los H. Magistrados y de la encerrona en que inocentemente cayó el gobierno al asistir a un evento preparado para darle leño.

La Corte Constitucional existe para vigilar la integridad de la Constitución. No para tomar decisiones políticas ni para decidir asuntos de conveniencia nacional, que le corresponden a las otras instancias del poder público, es decir, al ejecutivo y al congreso. Es muy triste constatar que la Corte cada vez corre más lejos los linderos que la separan de las otras dos ramas del poder público, y desplaza al gobierno tomando decisiones propias del ejecutivo, y al congreso, convirtiendo sus sentencias en leyes, sin que a nadie le importe. Todos sabemos que la Democracia se sustenta en la división del poder público en tres ramas, cuyas competencias deben estar perfectamente equilibradas para que funcione el sistema. Cuando ese equilibrio se rompe, como está pasando en Colombia, cualquier cosa puede suceder, incluso la legitimación de un golpe de estado. Y ya nos está pasando, desde que la Corte convirtió la Constitución en un juguete de plastilina con el que se puede crear cualquier cosa, como sucedió con sus “sentencias” sobre el proceso de paz de Santos.

El debate sobre el uso del glifosato debe darse en el Congreso, que es el recinto previsto por la democracia para debatir los grandes temas nacionales. No en la Corte, a la que solo le corresponde – con discreción y sin alharacas públicas – ser la guardiana de la Constitución.

Me dolió en el alma ver al presidente Duque – tan mal asesorado como está – encerrado como un cristiano en el Circo Romano en medio de las fieras convocadas para despedazarlo. Me dolió ver a sus bisoños e inexpertos ministros titubeando sin saber cómo defenderse de los ataques del mamertismo criollo, que se ha quitado la careta y defiende abiertamente los cultivos de coca con argumentos seudo científicos que pregonan los no demostrados desastres del glifosato, mientras ignoran la terrible tragedia que significa para Colombia el narcotráfico.

En el sistema presidencialista que nos rige, el presidente de la república no solo es el jefe del gobierno: Es el Jefe del Estado. Representa a la Nación. Y en tal virtud, ni las cortes ni el Congreso pueden citarlo. ¡Qué triste que esto no lo sepan ni en la Corte CONSTITUCIONAL ni los asesores jurídicos de la presidencia !. En síntesis, el presidente Duque no debió asistir al sainete de ayer, y menos aceptar que lo pusieran al nivel de Santos y de Gaviria, dos ciudadanos que, a pesar de haber sido en mala hora presidentes, hoy no tienen ninguna investidura que le permita a la Corte ponerlos al mismo nivel del Jefe de Estado.

Tres preguntas para terminar:

¿Cuántos muertos comprobados ha dejado en Colombia el glifosato, que lo usamos en todo el país – yo también lo he usado y mi familia lo ha hecho durante muchísimos años – sin ninguna consecuencia demostrable?

¿Y cuántos muertos ha dejado el narcotráfico?

¿Dejaremos que los narcocultivos se sigan extendiendo para no molestar a los “ambientalistas” de escritorio, que no distinguen una mata de coca de una gallina?

 

 

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